jueves, 8 de febrero de 2024

¿Se ha pensado siempre que los hombres y las mujeres pertenecen a diferentes sexos biológicos?



Hace no mucho tiempo, los europeos creían que los hombres y las mujeres no pertenecían a dos sexos distintos, sino que eran variaciones de un mismo sexo. La idea de que hay “dos sexos biológicos” estáticos e inmutables está lejos de ser obvia y, por esta razón, el género no puede reducirse al sexo.

Jack Molay

Hoy en día, a menudo nos topamos con activistas transfóbicos y anti-LGBTQ que hablan sobre el “sexo biológico” y la forma en que los genitales, las gónadas o los cromosomas determinan no solo las capacidades asociadas al sexo sino también el género.

Esta es una manera encubierta de defender los roles de género tradicionales y obligar a las personas queer y trans a volver al armario.

Según ellos, la sexualidad entre personas del mismo sexo es mala, aparentemente, porque no es natural y no conduce a la procreación. También, según ellos, las personas transgénero se equivocan acerca de su identidad porque la identidad de género se deriva siempre de su sexo biológico.

Muchos transfóbicos ven estas declaraciones como hechos evidentes y eternos, por lo que acusan a las personas trans y a los grupos defensores de los derechos LGBTIQ de ser una "chusma despierta” que está engañando a "nuestra" juventud y destruyendo los hechos dados por Dios y la Naturaleza.

Pero si lo que afirman estos grupos antiderechos fuera tan evidente e incuestionable, esperaríamos que esta creencia de polos extremos en el sexo y el género también estuviera presente en el pasado, ¿verdad?

lunes, 29 de enero de 2024

Contra el sentido común de los grupos antiderechos (Parte 1)

Es muy frecuente en el discurso anti-derechos apelar a argumentos cuya autoridad radica, según ellos, en “la realidad misma”. Así, grupos religiosos, feministas radicales transexcluyentes, conservadores libertarios, derechas alternativas, liberales de dudosa neutralidad e, incluso, izquierdistas ortodoxos, invocan el manto aparentemente inocuo e incontestable del sentido común.

Por Amilka González

Cada vez que estos grupos obtienen lo que consideran una pequeña victoria en contra de la población LGBTIQ —es decir, un retroceso en materia de derechos humanos—, y especialmente en contra de la población trans, vitorean ¡Ha ganado el sentido común! Es lo que sucedió recientemente en España con el recorte de leyes LGBTI del Gobierno de la Comunidad de Madrid —para una aproximación detallada de esta situación, recomendamos leer aquí, aquí y allí.

En todo el ámbito internacional donde los grupos antiderechos pugnan por imponer una retórica antiderechos, se repite el mismo guión. El punto central de sus argumentos es que el sentido común necesariamente debe ser la pauta a seguir cuando se trata de dirimir disputas sociales en torno al sexo y al género. Y, según ellos, su único interés aquí es defender el sentido común y la verdad.

En este artículo intentaremos responder varias preguntas: ¿Qué quieren significar estos grupos con sentido común? ¿De qué maneras se puede comprender este escurridizo concepto en el contexto de la ciencia? ¿Qué ventajas o desventajas nos daría utilizar el sentido común para dirimir diferencias importantes en nuestras sociedades? 

Veamos.

¿Qué es el sentido común?

El sentido común es como lo indica su nombre, el sentimiento unánime del género humano todo (...) de todos los tiempos y de todos los lugares, sabios o ignorantes, bárbaros o civilizados. 

Amadeo Jacques.  «La memoria sobre el sentido común»

En primer lugar, esta no es una pregunta sencilla y responderla de forma no superficial es un reto. Desde el punto de vista histórico, para hacernos una idea de la magnitud de la cuestión, basta con saber que el sentido común se ha intentado definir muchísimas veces desde épocas —y quizá galaxias— muy lejanas. Quienes quieran mirar una revisión de las definiciones que ha tenido este concepto en campos como la filosofía y la ciencia, específicamente en el contexto occidental —lo que de entrada ya nos alerta de que estamos ante algo que quizá no es tan universal como se cree—, pueden leer aquí, aquí y allí. 

lunes, 18 de septiembre de 2023

La literatura antiderechos LGBTIQ escrita en español

Foto: La ONU es uno de los organismos más atacados por los grupos antiderechos.

"Las ideas que dan vida a la homofobia, la transfobia, la misogina, el racismo y la xenofobia se reproducen a través del discurso." 

Por Amilka González

La lengua española es la segunda lengua más hablada en el mundo por nativos, con casi 500 millones de hablantes. Que en los últimos años numerosos grupos hispanohablantes estén cada día más comprometidos con la divulgación de discursos que cuestionan los derechos humanos de la población LGBTIQ, plantea la necesidad de hacer una cartografía tanto de los grupos como de los discursos. Este sería el punto de partida para analizar las relaciones y alianzas transnacionales entre los grupos antiderechos hispanohablantes y los grupos antiderechos no hispanohablantes.

Se podrá decir que dedicar el primer artículo de este blog a la literatura antiderechos LGBTIQ es dar publicidad inmerecida a ideas que son dañinas para la sociedad. Sin embargo, si queremos entender cómo funcionan estas ideas y por qué son compartidas por muchas personas, creemos necesario hacer un mapa de estos discursos.

No es esta una idea novedosa. Se trata de una estrategia conocida por organizaciones anti-racistas que durante décadas han monitoreado discursos de odio relacionados con la segregación racial y otros tipos de discriminación. Un ejemplo de ello es el Southern Poverty Law Center, con sede en EEUU, que se ha dedicado a esta labor, además de ser conocidos por sus batallas legales contra grupos supremacistas.

Por qué hablamos de discurso

Las ideas que dan vida a la homofobia, la transfobia, la misogina, el racismo y la xenofobia se reproducen a través del discurso. 

Es importante entender que al referirnos a discurso nos referimos a todas las formas en las que los seres humanos utilizan el lenguaje: oralidad y escritura, principalmente, pero pudiera incluir imágenes, símbolos, memes de internet, objetos y gestos.

El discurso es una forma de interacción social en la que quienes hablamos y escribimos “no solamente” hablamos y escribimos. Somos fundamentalmente actores sociales en un “teatro social” y compartimos nuestras ideas, creencias y pensamientos a través de acciones discursivas.

Lo ilustraremos con el problema de la discriminación, que se relaciona con el hecho de que nos organizamos socialmente dentro de un orden imaginado —país, Estado, monarquía, teocracia, democracia, capitalismo, socialismo, son constructos sociales imaginados solo por los seres humanos— que legitima algún tipo de jerarquía social: hombres libres vs esclavos, hombres vs mujeres, ricos vs pobres, creyentes vs infieles, blancos vs negros, nativos vs extranjeros, heterosexuales vs homosexuales, personas cis vs personas trans.